El llamado «Libro Tibetano de los Muertos» ha sido reconocido durante siglos como un clásico de la sabiduría budista y del pensamiento religioso. Más recientemente, ha alcanzado gran influencia en el mundo occidental por sus penetraciones psicológicas sobre el proceso de la muerte y del morir, y por lo que puede enseñarnos acerca de nuestras vidas. También ha resultado de ayuda en los procesos de duelo de personas que recientemente han perdido a algún ser querido.
Compuesto en el siglo VIII d. de C., su intención es la de preparar al alma para las adversidades y transformaciones del más allá. Su profundo mensaje es que el arte de morir es tan importante como el de vivir. Extraído de las tradiciones espirituales tibetanas, nos muestra los funcionamientos de la mente en sus diversas manifestaciones -aterradoras y tranquilizadoras, iracundas y hermosas-, que aparecen más claramente en la conciencia del difunto. Reconociendo dichas manifestaciones podremos alcanzar el estado de iluminación, tanto en esta existencia como en la venidera.
La presente traducción con prólogo del Dalai Lama conserva la forma y el espíritu del original, y ha sido especialmente preparada para los lectores occidentales por Robert A. Thurman, uno de los más importantes eruditos sobre el Tíbet, además de estrecho colaborador del Dalai Lama. Existen numerosas ediciones de diferentes editoriales y traducciones.
El Bardo Thodol, o Libro Tibetano de los Muertos (Liberación mediante la Audición en el Plano posterior a la Muerte), es una guía de instrucciones para los fallecidos y los moribundos, en virtud de que se considera que la muerte dura 49 días, después de los cuales sobreviene un renacimiento en el ciclo del renacimiento. Según la tradición, el libro fue escrito por Padmasambhava, el fundador del lamaísmo tibetano, en el siglo VIII.
Con independencia de su claro contexto budista, el Bardo Thodol puede ser concebido como un libro de preparación adecuada para la muerte. El libro es leído al moribundo o al recién fallecido como una auténtica guía para que el difunto comprenda el período de su existencia actual (muerto), y para, así, penetrar en el nuevo mundo que la muerte representa o en el proceso que debe seguirse después de fallecer. El bardo, que da nombre al texto, se convierte en una suerte de estado intermedio entre la muerte y el renacimiento o la liberación. Para el budismo tibetano, al morir, la conciencia de un individuo entra en el bardo, que tiene una duración de cuarenta y nueve días, antes de renacer en otro estado de reencarnación (humano, divino, demoníaco, animalesco, fantasmal o infernal), de acuerdo al karma poseído.
Las persecuciones del budismo en Tíbet a lo largo del siglo IX, motivaron el ocultamiento del texto, tras una serie de ceremonias, en cuevas y lugares recónditos. Tras la expulsión de gran número de budistas de la montañosa región tibetana, muchos ejemplares permanecieron escondidos, hasta su recuperación en las siguientes centurias, momento en el que adquieren el nombre de Termas (derivado del término Gter, tesoros), mientras que los propagadores de sus enseñanzas se llamaron Reveladores del Tesoro.
Bardo Thodol es un texto que trata el ciclo total de la existencia samsárica, entre la muerte y el nacimiento. Los ritos mortuorios que aquí se plantean tienen un gran parecido con aquellos egipcios narrados en el Libro de la Salida a la Luz del Día (Libro de los Muertos), como ocurre con la restauración del principio de la conciencia después del “desmayo”, que sigue inmediatamente a la muerte, y el acostumbrar al difunto en su nuevo medio ambiente o, incluso, con el pesaje del alma por la divinidad tibetana de Dharma-Raja o Shinje-chho-gyal (Rey de los Muertos), quien sostiene un espejo donde el alma se observa en su completa desnudez mientras su siervo Shinje (un mono) va colocando ante él guijarros negros y blancos, de forma parecida al pesaje del corazón del difunto con la pluma de la Diosa de la Verdad, el Orden y la Justicia egipcia (Maat).
Es probable que el texto recoja también, esencialmente, rituales de la religión Bon, animismo que prevalecía en el Tibet antes de la llegada del budismo. El Bardo Thodol busca, esencialmente, liberar a los seres encarnados. Su correcta lectura hará que los devotos con un entendimiento avanzado hagan la transferencia en el momento de morir, sin pasar por caminos intermedios, yendo directamente por el gran camino derecho y ascendente. Aquellos menos entrenados en los asuntos espirituales, una vez que reconocen la Clara Luz en el Chikhai Bardo, irán por la vía ascendente también, pero los que están por debajo de estos sólo serán liberados, en función de su capacidad propia y sus conexiones kármicas, cuando las deidades Apacibles y las Irritadas brillen sobre ellos en el Chonyid Bardo. Los que tienen un buen karma débil, cuyo oscurecimiento es enorme por culpa de sus males acciones, deben errar cada vez más hacia abajo hasta el Sidpa Bardo, donde habrá varios tipos de confrontaciones y llamadas. Los que tienen una relación kármica más tenue aun, porque son incapaces de reconocer, caen desesperadamente bajo el predominio del terror.
Estos fallecidos tienen que pasar por diversos grados de enseñanza para escoger una puerta de las matrices. Incluso el más bajo, el que proviene del orden de los animales, es capaz, por la aplicación del refugio, de evitar entrar en la desgracia, adquiriendo un cuerpo humano, libre y bien dotado, para que en su próximo renacimiento pueda encontrar y ser guiado por un gurú virtuoso y obtenga votos que lo salven.